La resistencia como acto performativo e impasse “productivo”

La resistencia como acto performativo e impasse “productivo”

Roxana Rodríguez[1]

La producción en línea marca una diferencia epistémica y ontológica entre el ser-obrero y el ser-trabajador, el primero fabrica objetos de uso; mientras el segundo produce bienes de consumo. Esta diferencia ha sido estudiada por diferentes teóricos e incluso en diferentes momentos de la historia de la economía pues está relacionada tanto con los modelos productivos como con la organización social de cada época.

Esta concepción ontológica del ser-trabajador se vincula con el trabajo del estudiante (un trabajo no remunerado) y del profesor/a (producción del conocimiento), pero difícilmente se puede cuantificar. Es por ello que cuando el esquema de la producción en línea permea no solo distintas instancias de desarrollo profesional, sino también el imaginario colectivo, afecta otros ámbitos de políticas públicas como sucede con el sistema educativo.

Desde hace varias décadas las universidades (públicas y privadas) funcionan a manera de ensamblaje: existe un plan de estudios que se debe cumplir en un promedio no mayor a cinco años, en donde el/la estudiante va adquiriendo conocimientos dependiendo del grado de complejidad del programa en el que esté inscrito o en función de las necesidades sociales de capital humano (gente con especialidades particulares que sirva como un engranaje más del sistema de producción y consumo). Los/las profesores/as no estamos exentos de esta situación, ni siquiera somos la excepción de la regla. Cada vez son más los requisitos y las habilidades que debemos satisfacer para formar parte de este sistema de producción de conocimiento.

La resistencia como acto performativo

En esta cadena de producción, lo que falta por analizar es el papel de las implicaciones políticas de la acción colectiva de los/las trabajadores/as, de los/las estudiantes. Es decir, ¿qué sucede cuando uno de los engranajes de la producción en línea se rompe? Específicamente, ¿qué sucede cuando el capital humano, los/las trabajadores/as, deciden protestar en contra de condiciones laborales desfavorables o de explotación? ¿Qué sucede cuando los/las estudiantes deciden protestar en contra de los sistemas represivos y autoritarios, como se ha visto en los últimos años en distintos países? ¿Quiénes son los/las responsables de que el sistema se paralice momentáneamente con la acción colectiva? En la lógica del sistema los/las trabajadores/as y los/las estudiantes conscientes de su situación de precariedad.

¿Qué acciones emprende el sistema cada vez que se ve afectado? Acciones poco creativas que se reducen a la criminalización, explotación o extinción, pero gracias a que los mecanismos de aplicación (casi siempre avalados por los medios de comunicación) son bastante sofisticados, en muchos casos pasan inadvertidas. El punto, como dicen algunos, es que el tiempo es dinero y justo lo que el sistema no puede perder es tiempo: no puede permitirse ningún tipo de demora pues eso trae consigo pérdidas económicas significativas a nivel global. De ahí que cuando los/las trabajadores/as o los/las estudiantes se van a huelga irrumpen el devenir del sistema y deben ser castigados por una acción que en sí misma es perversa: resistir.

La resistencia históricamente se asocia con acciones de rebeldía, de protesta, de porrismo, de delincuencia, que en el argot mediático caen casi siempre en estereotipos. En el argot académico son objeto de estudio, como se puede observar en los análisis que ya existen sobre distintos movimientos sociales (por eso me desconcierta escuchar a colegas criminalizando el movimiento estudiantil de la UACM). En el ámbito político, la resistencia consiste en darle voz a los que se les ha negado el diálogo, es un acto de locución que les permite hacerse presentes en la toma de decisiones.

Desde mi perspectiva, la resistencia es un acto performativo que se basa en principios éticos, mas no en una pureza teórica, e implica una creencia, una decisión, un compromiso público y una responsabilidad social y política. Sin embargo, la resistencia como acto performativo es vista en nuestra sociedad como un acto perverso que irrumpe la producción en línea y la representación simbólica del deber ser.

El impasse “productivo” de la UACM

El sujeto que resiste sabe que tiene perdida la batalla y su única opción es imponer un impasse productivo al sistema que puede durar horas o meses. Es evidente que este impasse trae consigo repercusiones en la sociedad occidental en distintos ámbitos. En lo económico, depende de las utilidades de la empresa. En lo político, movilizaciones sociales. En lo psicosocial, angustia, ira, frustración. En la producción de conocimiento no se puede cuantificar puesto que el conocimiento no es lineal, no es unitario, no tiene temporalidad, no es sincrónico. En todo caso lo que se afecta es el condicionamiento para adquirir el conocimiento (el por qué quiero se licenciado/a; el por qué quiero ser profesor).

En estos meses de paro estudiantil en la UACM, el impasse ha provocado una polarización de la comunidad universitaria promovida por la animadversión del acto de resistir, acción perversa, que en el imaginario colectivo es sinónimo de quitarle al otro lo que desea: estudiar-trabajar; la posibilidad de tener una mejor calidad de vida. ¿Acaso no es el sistema mismo el que inhibe los principios de factibilidad?

Lo interesante en estos meses de paro estudiantil es que socialmente no se aprueba una acción colectiva ni se analizan los mecanismos de los que se vale el sistema para confrontar a la gente que antes del paro no solo eran colegas, sino también amigos. Lo interesante es que no se ve al impasse como una oportunidad para reflexionar sobre el modelo educativo, para hacer autocrítica, para construir comunidad, para hacer alianzas. Todo lo contrario, el impasse actual por el que atraviesa la UACM se mide en pérdidas económicas, en déficit académico, en vandalismo. Por poner un ejemplo, se alude a los 14 mil estudiantes que ya “perdieron” el semestre, preguntaría: ¿el sistema cuenta con la capacidad productiva para ofrecer trabajo bien remunerado que mejore la calidad de vida de esos 14 mil estudiantes una vez que sean licenciados?

Lo interesante es que, en la lógica de la producción en línea, el hecho de detener el ensamblaje y la manufactura es severamente castigado por la sociedad porque “se deja de producir”, aunque los estudiantes, de principio, no son sujetos económicamente activos, no reciben un sueldo por estudiar y su producción es meramente creativa, cognitiva, conceptual.

Entiendo (no coincido) que para las empresas o industrias es más caro, en el corto plazo, invertir en capacitación, investigación e innovación, en modelos distintos de producción, pero como profesora me cuesta trabajo aceptar que se piense en el acto de aprender, de educar, de adquirir conocimiento, como procesos productivos estándar. En todo caso, este impasse de producción del conocimiento nos da la oportunidad de deconstruir tanto la idea canónica de profesar, como la idea que la universidad es un eslabón más de la cadena productiva.


[1] Profesora e investigadora de la Academia de Filosofía e Historia de las Ideas y Coordinador del Centro de Estudios Fronterizos de la UACM. Doctora en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Miembro del SNI. roxrodri@gmail.com

Fotos: Iván Gomezcésar Hernández